El 19 de septiembre de 2026, aproximadamente a las 12:40 pm, la comunicadora social Susy Isabel Aponte Polo, conocida como ‘La China’ Polo, fue asesinada en la ciudad de Caraz mientras realizaba campaña política como candidata al Gobierno Regional de Ancash.
La policía capturó al presunto autor material (el sicario), identificado como Luis Iván Obispo Díaz, quien ingresó al Perú el 3 de julio de 2018 (durante el pico del fenómeno migratorio de venezolanos), sin que se le exigiera documentación para su ingreso ni se registrara control previo sobre la persona que estaba entrando al país.
Se sabe que trabajaba para una empresa de taxi por aplicativo en una localidad al norte de Lima y que habría declarado haber sido contactado por una compatriota suya para ejecutar el crimen.
Horas después, fue capturado otro ciudadano venezolano identificado como Ronald José Toro Ardila, presunto cómplice implicado en el financiamiento y soporte logístico, como la compra del teléfono celular utilizado para coordinar el ataque.
De igual forma, se descubrió que el arma que utilizó el homicida, había sido sustraída el 15 de noviembre de 2023 de la habitación que alquilaba en el distrito de Villa El Salvador el suboficial PNP Christian Arévalo Calderón. Dicha pistola fue utilizada en un robo agravado en 2025, en dos homicidios en mayo de 2026 y en un ataque con arma de fuego en julio de este mismo año.
El sicario llegó al distrito de Nuevo Chimbote el 11 de septiembre con la intención de hacer un seguimiento a la víctima y, de darse las condiciones, ejecutar su propósito criminal en ese lugar; sin embargo, esto no se concretó ese día debido al resguardo policial existente.
Al enterarse de que la comunicadora viajaría a Huaraz el sábado 12 de septiembre, Luis Iván Obispo Díaz se instaló en el hotel Las Vegas de dicha ciudad, acompañado por un varón y una mujer de su misma nacionalidad (quienes se habrían identificado con nombres falsos). Allí también planearon perpetrar el homicidio, el cual se frustró nuevamente por la presencia policial.
Esto nos permite afirmar válidamente que, si en el evento de campaña proselitista que realizo en Caraz, Susy Isabel Aponte Polo hubiera contado con la continuidad de la presencia policial enfocada en el mantenimiento del orden público, los homicidas habrían desistido de su fin criminal.
Interrogantes en torno a la situación del homicida
La situación de Luis Iván Obispo Díaz nos lleva a formularnos diversas preguntas clave:
¿Cómo pasó un conductor de taxi por aplicación a convertirse en sicario?
¿Por qué lo contrataron a él y no a otro?
¿Cuál es la identidad de la compatriota venezolana que lo contrató para la ejecución del crimen? (Nadie acepta una propuesta criminal a menos que provenga de alguien conocido que le brinde las garantías necesarias).
¿Ha participado Luis Iván Obispo Díaz en otros delitos, ya sea como autor material o aportando información gracias a su trabajo como taxista y su cercanía con diferentes personas y lugares?
¿Qué antecedentes registra en su país de origen?
¿Cuáles eran sus ingresos mensuales, en qué fechas se enviaron remesas de dinero a sus familiares en Venezuela y por qué montos?
¿Dónde vivía realmente y con qué compatriotas frecuentaba?
¿Cuál era el número de celular personal que utilizaba (distinto al que le compraron en Caraz); sus contactos, mensajes, metadatos?
¿Con quién vivía en Lima?
¿Qué elementos de interés para la investigación se encontraron en su vivienda?
¿Cuántos ciudadanos extranjeros en su misma situación migratoria son proclives a cometer crímenes en nuestro país?
¿Se ha solicitado al Ministerio del Interior de Venezuela los antecedentes policiales y penales de los venezolanos intervenidos por infracciones o delitos en el Perú?
La otra interrogante es conocer ¿Quién es realmente Ronald José Toro Ardila?, presunto financista, quien le enviaba el dinero utilizado, que antecedentes anteriores cuenta, desde cuando conoce a Obispo Diaz, quien lo contacto, cual era el plan que habían diseñado, entre otras cuestiones validas.
El modus operandi utilizado para perpetrar el asesinato nos lleva a la convicción de que no estamos frente a un delincuente improvisado. Obispo Díaz realizó reconocimientos previos de los lugares, evaluó el momento oportuno para su decisión criminal, planificó su huida, se mantuvo en comunicación con la mujer que lo contrató y ejecutó el delito cuando se convenció que se dadas las condiciones ideales.
No tuvo el menor reparo en infiltrarse entre la multitud, apuntar a su víctima y disparar; posteriormente, abrió fuego a discreción contra la gente, convencido de que ello evitaría su persecución.
Los videos registrados por la propia víctima donde señala a los interesados en su muerte, deben de servir de material de análisis a fin de identificar a aquel personaje poderoso que decidió su muerte. Quedan muchas aristas por investigar que deben servir como lecciones aprendidas para implementar medidas preventivas efectivas en la seguridad de los candidatos, garantizando que un suceso así jamás vuelva a repetirse.









